jueves 11 de marzo de 2010
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Lunes 21 de Septiembre de 2009

Sequera: “Quiero revitalizar la cultura indígena”

(PARAGUAY) - Es difícil definir la especialidad de Guillermo Sequera. Estrictamente, sus títulos lo catalogan como antropólogo y musicólogo, pero su discurso indica que es, esencialmente, un incansable vigilante y defensor de la autenticidad y singularidad de las sociedades. También es un excelente pedagogo, por la facilidad que despliega a la hora de explicar sus teorías a una mente inerudita en sus materias de interés.


Sequera: “Fueron la música y las artes las que me llevaron hasta la antropología”.

 
 

Por SA Journalists

Su primer libro sobre investigación cultural de los indígenas fue Cosmografía Chamacoco, publicado en versión bilingüe español-inglés en Suecia, por Konsmuseum. Su primera publicación acerca de la música mbya-guaraní se concretó en Paraguay, en 1996, gracias al Museo del Barro, y luego le siguieron otras –también sobre música indígena del Paraguay−, publicadas junto a otros investigadores del Museo del Hombre de París.

“Vengo realizando estas investigaciones, colectas y registros desde los 19 años, poniendo énfasis en la revalorización de nuestra tradición y sabiduría, en lo que llamo la cosmofonía de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños –sostiene Guillermo Sequera, antropólogo y musicólogo paraguayo, en entrevista con América Late−. Cosmofonía, es decir, toda referencia al ordenamiento, gestión y creación del universo sonoro. Hay algo de fantástico que debemos exhibir y reconocer en nuestras culturas. De eso se trata hoy: de arremeter contra la destrucción, la uniformización, lo fútil, la cultura de masas, la sociedad de consumo y contra la sociedad neoliberal que tanto estrago ha causado a nuestras sociedades”.

En 2005, el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (CEADUC) publicó en Paraguay Tomárâho. La resistencia anticipada, un libro de Sequera que reúne una monografía y una muestra de la literatura oral de los tomárâho, etnia paraguaya hasta hace muy poco desconocida, en alto riesgo de extinción, cuya población suma apenas 150 personas. “He logrado establecer una transcripción fonética de la lengua yxyr hóulo, que funciona perfectamente utilizando la grafía latina –cuenta−. Estoy coordinando, además, el trabajo de los indígenas con software libre para generar materiales sobre la base de su propia lengua y cosmovisión. Gran parte de mi empeño va dirigido −y sólo con mis recursos, por cierto muy limitados− a la recuperación o revitalización de esta cultura”.

El experto tiene sobre este tema alrededor de veinte libros sin publicar. “La dictadura del the book is money no me permite difundirlos”, se lamenta.

 
 

Un cosmos particular

“He tenido la suerte de beber en las aguas de mi familia −explica Sequera, quien a sus 18 años inició, con metodologías sui generis, sus investigaciones de campo−. Avancé con mis colectas y registros, algo para nada fácil en aquella época, ya que esa labor era considerada subversiva durante la dictadura de Stroessner”.

Nació en el seno de una familia de artistas: su madre era pianista y su padre, dibujante. “Ellos marcaron mi vida y mis proyectos –recuerda−. También, la formación, caminando en el aprendizaje de todos los días con mis amigos artistas, escritores y creadores. Mi lucha por la democracia en Paraguay me llevó al exilio, y traté de hacer del exilio en Europa una oportunidad para aprender más y mejor”. Su interés por la antropología se gestó a partir de su curiosidad por comprender los orígenes y las manifestaciones musicales populares. “Fueron la música y las artes las que me llevaron hasta la antropología”, dice.

−¿Cuál es tu principal “misión” como investigador y antropólogo en Paraguay?
−La investigación sobre la cultura, basada en rigor y creatividad, debe apurar a revalorizar a los tomárâho. Las iniciativas son múltiples, como convocar artistas y creadores para que puedan inspirarse en las manifestaciones culturales de esta etnia y promover la creación a partir de esa plataforma cultural. Construir campos imaginativos originados en nuestra soberanía artística y creativa y nuevos campos de identidad contemporánea. También llevo en la agenda capacitar a niños tomárâho en la lectoescritura de su lengua y formarlos en dispositivos del software libre y manipulación de computadoras en XO. Esto ya está en marcha con el programa de Paraguay-Educa y el acompañamiento técnico de Iván Prieto, ingeniero programador paraguayo.

−No ha de resultar fácil para un antropólogo/musicólogo vivir de su profesión en Paraguay. ¿Cómo hiciste?
−¡Milagros! En primer lugar, me ayudó trabajar con procedimientos no convencionales académicos. Las entidades universitarias latinoamericanas no responden a las necesidades del mundo real. Se ven todavía sometidas a una subordinación colonial. La tarea consiste en trabajar con los conocimientos, técnicas y sabidurías étnicas y de culturas tradicionales. Existe un campo de abordaje necesario. Los éxitos de resultados son esperanzadores después de una veintena de años de trabajo con las poblaciones campesinas e indígenas. Claro, eso me ha obligado a trabajar con paciencia, sin apoyo financiero, lo cual permitió trabajar en plena libertad y así ganar la confianza social y obtener resultados.

−¿Qué es, en tu opinión, lo más importante que cae fuera del foco universitario?
−Se desconocen los principios ecológicos tradicionales en la administración de los recursos necesarios para luchar contra la destrucción. El Estado debe ofrecer la posibilidad de que las poblaciones excluidas participen activamente en la reposición natural y cultural. Creo firmemente que los intelectuales honestos y sensibles deben comprometerse con su sociedad y demostrar avances en contribuir a cambios profundos, tanto en el ámbito científico como creativo. Una manera de romper lanzas contra la sumisión y el colonialismo.

−¿En qué espacios se tocan música y antropología? ¿Cómo enriquece tu profesión el hecho de que también seas un experto en musicología?
−Aprendí a utilizar metodologías para generar información cualitativa en fauna y flora. Así también en la música. La variedad de técnicas vocales e instrumentales indígenas y campesinas son de una gama colorida y sus particularidades en cada caso se hacen sentir. Por otro lado, me interesa comprender cómo funciona la percepción del mundo sonoro y su proyección en la gestión creadora de la música cultural. La musicología latinoamericana funciona de otra manera. Propongo trabajar un concepto basal en mi propuesta: la “cosmofonía”. Se trata del proceso de identificar, colectar y registrar las manifestaciones comunitarias del ordenamiento sonoro y la producción humanizada de los sonidos, y entender mejor el funcionamiento de la creación colectiva, de cómo se articula y emerge una inteligencia colectiva.

−¿Cómo emerge esta inteligencia, estando el mundo de hoy tan sumergido en las leyes de la globalización?
−Sucede muy a pesar de los altos riesgos que soportan las culturas con la presión homogeneizadora de culturas de masas y del consumo fútil. Las comunidades soportan el bombardeo sistemático de los mass media. Nada de dicha tarea se inserta en los medios académicos, porque están sometidos a reproducir la sumisión y no la liberación. Las artes tienen eso de formidable. Por ello, la necesidad de gestar una alianza entre la ciencia y el arte, y así ganar la complicidad de artistas y creadores en dicha iniciativa.

−Acerca del artículo que te censuraron en el periódico Última Hora −a comienzos de este año, una nota titulada “El ABC de Chávez” en la que Sequera hablaba de la lucidez y la “coherencia bolivariana” del presidente venezolano−, ¿cómo pensás que podría evitarse la injusticia y la consecuente forma de fin del mundo que promete arrastrar consigo?
−Gracias por tu pregunta. Me considero uno de los intelectuales paraguayos, como muchos, censurado, castigado por el consenso de Washington y por los medios de difusión paraguayos que están en manos de una oligarquía perversa. Muchas veces he escrito artículos en periódicos nacionales expresando verdades de otra manera. Mi estilo no suele ser agresivo, sino que más bien trato de escribir para ayudar a pensar. Sin embargo, el artículo censurado (que puede leerse en el blog de Sequera), lo escribí para responder a la odiosa campaña generada por todos los medios de comunicación paraguayos contra Chávez, Fidel o Correa. Eso es insano y además basado en mentiras, omisiones y actitudes hipócritas de manera de confundir a la gente. Demonizar, en definitiva. Vivimos una época de inquisición. Torquemada y Frankenstein están al comando de todas las formas inimaginables de comunicación y edición. Tampoco es una fatalidad. Podemos seguir avanzando en favor de la democratización de los espacios electromagnéticos. Prueba de ello es la emergencia de radios comunitarias en Latinoamérica. Debemos apurar el paso y dotarnos de argumentos contundentes para fortalecer una mayor conciencia democrática verdadera. Y en eso, también cuenta la alta creatividad en la resistencia y bajo todas las formas (tecnológicas y comunicacionales). Si bien estamos viviendo un mundo cruel, también estamos viviendo una realidad esperanzadora. No creo tener la varita mágica. La varita mágica está en manos de todos nuestros pueblos, altamente imaginativos en prácticas socializadas, por cierto. Echemos una mirada sólo a aquellos esfuerzos de inteligencia colectiva en inventar lenguas, descubrir las propiedades de las plantas, del agua, del suelo, en inventar culturas, en inventar valores humanos, sociedades. Ese esfuerzo y esa capacidad humana de sapiencia fueron llevados a cabo por aquellos que nos precedieron, por las primeras comunidades culturales que habitaron estas tierras. ¿Seremos capaces acaso de inventar sociedades, donde la justicia, la equidad y toda la cultura sean para todos?

 
 

GUILLERMO SEQUERA: “En primer lugar, Latinoamérica sorprende, aunque a veces se la subestime. Es una región fantástica con sus diferencias, riquezas y pobrezas biogeográficas, culturales y sociales. Su diversidad multicultural y multilingüística expresa una gran potencia”.

“También tenemos una experiencia histórica común, señalada por grandes pensadores y libertadores, como Simón Bolívar, José Martí y muchos otros de la era independentista. Por ello, la experiencia histórica estalla hoy en procesos de democratización y deseos de integración de nuestros pueblos que podrían rápidamente concluir en experiencias federativas. En eso, Latinoamérica podría jugar un rol preponderante en favor de la multipolaridad, en el equilibrio y la paz en el mundo. Y sobre todo en las complicidades Sur-Sur”.

“Por otro lado, la pobreza avanza y los problemas también. En eso, no habrá otra alternativa que la de unirnos, ayudarnos, solidarizarnos y solucionar juntos –entre los países pobres que somos− para presionar en contra del acoso imperial y colonial y demostrar nuestra capacidad, nuestra sagacidad, ambición, imaginación y entrega a un verdadero progreso que dignifica a las personas y a los pueblos”.

“Dicen que Latinoamérica y el Caribe poseen más del 70 por ciento de las tierras arables del planeta y que nuestra región contribuye con más del 48 por ciento de los recursos que necesita el mundo para vivir. Somos países pobres que fueron sometidos a un sistema colonial de un poco más de 300 años. Sin contar lo ocurrido desde mitad del siglo XIX hasta el presente. Creo, sin embargo, que nuestros pueblos están viviendo un proceso de cambios profundos y las decisiones colectivas que ya se han llevado a cabo no harán marcha atrás, muy a pesar de lo que está ocurriendo en Honduras”.

“A pesar del dolor, Honduras es una prueba de fuego para todos nosotros. El Mercosur acaba de ser contundente en su mensaje de restitución inmediata del presidente Zelaya y la constitucionalidad del pueblo hondureño. Solidarizarse con Honduras es solidarizarnos con nosotros mismos”.



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