(PERÚ) – A sus escasos 35 años, ya tiene en su haber cuatro novelas escritas y un Premio Alfaguara, que ganó con Abril rojo, una historia que destapa la violencia de los militares del gobierno de Fujimori.

“Descubrí que la realidad no me terminaba de gustar y que las historias me permitían huir de ella, y luego regresar a ella mejor equipado para vivir”, dice Santiago.
“De mi infancia en el exilio recuerdo México. Recuerdo chilaquiles, cajeta, Chapultepec y muchas palabras con ‘ch’. Gané un país y una infancia feliz, al menos por un tiempo”, dice el peruano Santiago Roncagliolo, el joven escritor de Abril rojo, en diálogo con América Late. Cuando Santiago era niño, su padre, el analista político Rafael Roncagliolo, se exilió llevando consigo a su familia.
Santiago escribe con estilo limpio y claro, y usa bastante la ironía. En uno de sus ensayos, específicamente en el primer capítulo de Jet Lag, Honestidad Brutal, confiesa que no le gusta demasiado Bob Dylan, entre otras cosas, aunque está intentando empeñadamente que le guste.
Nació en 1935 y no se puede creer la carrera que ha construido en tan poco tiempo. Publicó una obra teatral en Lima -Tus amigos nunca te harían daño-, tres libros de cuentos, dos ensayos –El arte nazi y Jet Lag (2007)- y cuatro novelas: El príncipe de los caimanes, Pudor (2005) ,Abril rojo (2006) y Memorias de una dama (2009). Abril Rojo fue ganadora del Premio Alfaguara 2006.

Tapa del libro de ensayo “Jet Lag” (2005).
“Soy obsesivo –admite Roncagliolo-. Me interesan pocas cosas aparte de escribir y no hago casi nada más. Además, creo que vivimos en un mundo lleno de historias fascinantes. Algunas están ahí afuera y otras dentro de mi cabeza. Y cuando encuentro una, no puedo resistirme a contarla. Esto empezó a ocurrir en la universidad. Descubrí que la realidad no me terminaba de gustar y que las historias me permitían huir de ella, y luego regresar a ella mejor equipado para vivir”.
Santiago está viviendo en Barcelona, desde donde sigue escribiendo.
Publicaste cosas bajo un seudónimo ¿Qué publicaste y cuál era el seudónimo?
No lo recuerdo. Como dice uno de los versos más lindos de Gustavo Cerati, “a mí me es fácil olvidar”.
¿Es cierto que el universo editorial se resistía a abrirte las puertas?
Creo que eso pasa siempre. Es muy difícil publicar tu primer libro en cualquier parte. Creo que los que sobrevivimos no somos necesariamente los mejores, sino los más tercos.
¿Qué significó para vos el premio Alfaguara que ganaste con Abril rojo?
Una gran oportunidad. El libro llegó a más de cien mil lectores, se tradujo a trece idiomas y me permitió hacer una fascinante gira por América Latina en un año electoral. Durante dos años no pasé en casa un mes entero. Acabé agotado, alcoholizado y con un colapso nervioso. Pero valió la pena.

Con la novela “Abril rojo” (2006) ganó el Premio Alfaguara.
¿De trabajos que desempeñaste en tu vida, podrías destacar alguno que prefieras?
Me encantaba ser guionista de telenovelas. Todas esas historias de amor apasionado y diálogos pomposos. Lo volvería a hacer.
¿Por qué América Late?
Yo diría por su música. O la comida. No, el cine. Quizá la literatura. O el periodismo literario. En fin, creo que hay que probar el pack completo.

El escritor dice que volvería a ser guionista de telenovelas.






