(MÉXICO) – En su más reciente trabajo, que reúne 35 crónicas de la Ciudad de México, el escritor intenta captar el alma de la capital mexicana.

La publicación “es el viaje de una ciudad tranquila a una postapocalíptica”, indicó Monsiváis.
El escritor mexicano Carlos Monsiváis presentó Apocalipstick, su último libro de crónicas de la capital mexicana, que utiliza el cambio climático como elemento paródico. “El leitmotiv es el viaje de una ciudad tranquila a una postapocalíptica”, detalló el autor que está preparando una historia cultural del siglo XX para el Colegio de México.
Los 35 textos que se recopilan en el libro, publicado por el sello Debate, del grupo Planeta, retrata los lugares de una ciudad que “básicamente antes era tranquila y ahora ya no”. “Esa tranquilidad residía en la esperanza y ahora se muda a una ciudad cuya razón de ser es la conversión de la esperanza en un mercado de la piratería, en frustraciones de distinta índole, en resignaciones y depresiones de índole variada; se ha perdido el eje que era la posibilidad, ahora todo está centrado en la imposibilidad”, ahondó el escritor.
Nacido en 1938, Monsiváis describió la urbe mexicana como una “mancha urbana que, en un descuido, llega a la frontera norte con aspiraciones de migrante ilegal”. “Con su crecimiento, la erosión de todo tipo, la inseguridad y el derroche de tiempo laboral de un lugar a otro queda claro que no existe una sola ciudad de México. Es por ello que la pretensión de unidad se desvanece”, señaló el autor.
Crítico ante los celebraciones que conmemoran las revoluciones en Latinoamérica, el ensayista consideró que “lo que pudo haber sido una revisión general del bicentenario en América Latina como un todo, pese a las variedades y diversidades, se está convirtiendo en un análisis que cada país hace de su historia”.
“La esperanza está siendo triturada masivamente, reconvertida en frustraciones; pero de ninguna manera está abolida. Pensar que basta la indignación ante ese hecho me parece falso. Creo que estamos en un momento de razonar organizadamente la esperanza. La esperanza individual no tiene mucho sentido, requiere de un proceso organizativo, que estamos viendo en muchas partes”, señaló el autor que se define como un “optimista trágico”.






